29 jun. 2011

CADA VEZ MENOS JÒVENES SE ACERCAN A LA POLITICA

 Esto publicaba el diario La Nación el 11 de abril de 1999. Lean los nombres de los actores políticos. Y entendamos por que molesta la campora y demás actores juveniles. Esos jóvenes a los que el gobierno prostituye según Eduardo Duhalde, que raro que al no se le ocurrió.

 Los jóvenes interesados en participar en política son cada vez menos y los partidos hacen pocos esfuerzos para atraerlos a la militancia.
Un exhaustivo estudio sobre la juventud argentina realizado por el Instituto Demoskopía arroja datos contundentes: el 79 por ciento de los 1000 menores de 24 años encuestados en octubre del año último afirmó tener poco o nada de interés en la política.
Y ese desinterés aumenta. Cuando se realizó el mismo estudio en 1992, la cifra de desencantados con la política era menor: 67 por ciento.
"La verdad es que algunos te miran raro", concede Matías Méndez (26), un militante radical del barrio de Flores, al ser consultado por La Nación acerca de cómo reaccionaban sus amigos al enterarse de su actividad política.
"En los partidos no hay formación de cuadros", afirma con resignación.
Su visión, la de un simple militante, es confirmada por los representantes juveniles de las tres fuerzas políticas más importantes de la Argentina.
"Los canales de acceso de la juventud a los partidos son insuficientes", sostiene Hernán Corach (31), presidente de la Juventud Peronista (JP) e hijo del ministro del Interior, Carlos Corach.
"La participación de jóvenes en política es muy baja", coincide su par en el radicalismo, Joaquín Losada (27), hijo del senador misionero Mario Losada.
"Los mecanismos tradicionales utilizados por los jóvenes para acceder a los partidos están caducos", opina Juan Pablo Domínguez (25), presidente de la Juventud del Frente Grande en la Capital Federal (el Frepaso no tiene una rama juvenil en el orden nacional).
Salvo algunas excepciones, las agrupaciones políticas no lograron adaptarse para atraer a dirigentes jóvenes.
"Los dirigentes mayores estimulan muy poco la participación de la juventud", explica Ricardo Sidicaro, sociólogo y autor del libro "La Argentina de los jóvenes".
La principal causa del actual divorcio entre juventud y política, explica el sociólogo, es que los propios jóvenes descreen de las estructuras partidarias. Especialmente, de su capacidad de producir cambios.
El abandono del Estado intervencionista y los escasos márgenes de acción para los gobiernos que acarrea la globalización, sostiene, han hecho que la política y los partidos disminuyeran en importancia. "Los programas políticos de los partidos han perdido la dimensión épica, que era lo que enganchaba a los jóvenes", afirma.
Los bajos índices de participación que exhiben hoy los jóvenes contrastan con la efervescencia juvenil que caracterizó a la política argentina durante muchos años. Según Sidicaro, las etapas posteriores a los procesos políticos con libertades cercenadas han estado signadas por una activa militancia de la juventud. "Pasó en 1955, en 1973 y en 1983", sostiene.
"Hoy, pese a que esos tiempos en que la juventud se acercaba a la política de manera natural están lejos, los partidos no hacen demasiados esfuerzos para captar a nuevos dirigentes."
"En el PJ, los únicos que llegan son los hijos de ricos y famosos", afirma, indignado, Claudio Romero (33), un militante justicialista de Villa Lugano, con una visión muy crítica de la administración menemista.
Su enojo es aún mayor cuando La Nación consulta su opinión acerca del presidente de la juventud del PJ, Hernán Corach. Romero no considera que el hijo del ministro del Interior sea un buen representante de la juventud justicialista y utiliza el caso como ejemplo de "militancia rentada desde el Estado".
El propio Hernán Corach hace una autocrítica al afirmar que la política se ha convertido en un "club cerrado". Asegura: "Si no tenés un amigo que te acerque" es muy difícil acceder.
Las escuelas Como presidente de la JP, considera que es responsabilidad de los partidos modernizar sus canales de comunicación con la sociedad. "Hay que buscar nuevas formas", dice y reivindica las escuelas de gobierno que han comenzado a surgir en los últimos años.
Estos establecimientos son un puerta para aquellos que buscan acercarse a la política desde un ámbito académico y funcionan como alternativa a la militancia más tradicional: la barrial.
Corach dirige una de las dos escuelas que funcionan bajo la órbita del Gobierno. La otra depende de la secretaria de la Función Pública y precandidata a senadora por el PJ porteño, Claudia Bello.
Otra iniciativa similar es la instrumentada por Nueva Dirigencia, el partido de Gustavo Beliz.
Con el claro objetivo de captar jóvenes universitarios, Beliz brinda un sistema de becas. La primera parte consiste en una escuela de gobierno para unos 40 universitarios. Los diez mejores promedios ingresan en la Legislatura en calidad de asesores rentados de alguno de los representantes de Nueva Dirigencia. Según Beliz, la escuela "es una manera de captar jóvenes preocupados por los asuntos públicos" que no encuentran espacio en los partidos tradicionales.
En la Alianza, la cuestión está bien dividida: por un lado, los radicales con su enorme aparato juvenil-universitario. Por el otro, su socio, el Frepaso, que aún no consigue institucionalizar una organización juvenil en el orden nacional.
Según Losada, el presidente de la rama juvenil del radicalismo, en la UCR hay alrededor de 700.000 afiliados menores de treinta años.
Cuando Graciela Fernández Meijide
Pero, más allá de los números, lo cierto es que los radicales siguen manteniendo la universidad como uno de sus bastiones fundamentales. Por medio de su agrupación, Franja Morada, controlan gran parte de las universidades nacionales.
Esa posición hegemónica y cierto manejo discrecional de los recursos que generan los centros de estudiantes han motivado duras críticas de otra organizaciones, incluida la rama universitaria del Frepaso.
"Pedimos que se hiciesen algunas modificaciones en favor de la transparencia", explicó Guillermina Koch, secretaria general del Frente Grande Universitario, al recordar el momento en que debieron unirse con los radicales.
Gustavo Fernández Russo, radical y presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), en tanto, admitió que intentan formalizar y hacer transparente la estructura universitaria del radicalismo.
Ambos saben que en estos tiempos de escepticismo los jóvenes, sean universitarios o no, necesitan pocas excusas para alejarse de la política.
Nicolás Cassese
Confianza Según la encuesta realizada por el Instituto Demoskopía, el índice de desconfianza en las instituciones del Estado y la sociedad, entre los jóvenes entrevistados, aumentó un 39% entre 1992 y 1998 llegando al 89%. Este indicador es el más crítico de los considerados por la encuestadora, que ubica en segundo lugar, en cuanto a falta de confianza de los jóvenes, a la policía, con el 82% de desconfianza en la última encuesta, realizada el año último entre 1000 menores de 24 años.

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